EPÍLOGO, O EL ARTE DE NO SABER DECIR ADIÓS (IV)

5.

En todo este tiempo he aprendido muchas cosas rematadamente inútiles. Aprendí sobre páginas web, agricultura urbana, optimización para motores de búsqueda, alemán, diseño paramétrico, historia, mecánica cuántica, termodinámica, biología evolutiva y hasta feminismo. Pero también he aprendido cosas útiles. Por ejemplo, descubrí cuánta agua cabe en un cuerpo. Es una cosa increíble. Pero es aún más increíble que no se desborde a cada rato y, como me pasa a mi todo el tiempo, a través de la cuenca de los ojos. Incluso y aunque no me gusta casi, también aprendí sobre poesía. Y como no tengo con quien compartirlo, me tomo el atrevimiento de transcribirle algunos poemas que (in)convenientemente se me fijaron en la retina:

“Detrás del monasterio, junto al camino,
existe un cementerio de cosas gastadas,
en donde yacen el hierro sarroso, pedazos
de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos,
cajetillas de cigarrillos vacías, aserrín
y cinc, plástico envejecido, llantas rotas,
esperando como nosotros la resurrección”.

-Ernesto Cardenal

Y este otro:

La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo,
mi amor.



-La lenta máquina del desamor, Julio Cortázar

Aprendí también a recordar mis sueños, como el día que soñé que me hundía en un estanque de agua densa, del color azul del petróleo, y que, a pesar de no percibir la temperatura con mi piel, estaba convencido de que el agua estaba en límite: Justo un grado centígrado por encima del nivel de congelación. O como cuando soñé que había una luna llena enorme sobre un estanque, y que se veían todos y cada uno de sus poros cósmicos, y que sus cicatrices se percibían en alta definición. O cuando soñé que soñaba con una cara conocida mientras me ahogaba, una que me miraba con una carga a partes iguales de tristeza y de resignación.

Al final de todos los sueños, me despertaba siempre seco y completamente deshidratado.



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