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Delirium Tremens

Un día, en una de las películas que pasaban por las noches en la televisión, vio a un hombre artificialmente cool. Era un papel todo escrito para verse cool, hablar cool y, sobre todo, actuar cool. El hombre estaba sentado en su auto bebiendo con parsimonia de un termo plástico con café, y un mordiendo pacientemente un sándwich de pimiento.A partir de ese día decidió que le gustaría el café, como antes le habían gustado los cigarrillos y, en líneas generales, por las mismas razones.Empezó a beber café instantáneo. Con leche y azúcar. Luego a beber café de cafetería, solo con azúcar. Y después en café de oficina. Se consiguió una cafetera italiana, de las que solo preparan la infusión con café molido. Se lo bebía amargo. Todos los días, todas las noches.Empezó a desarrollar una incontenible sed por el café. En la lengua se le amontonaban las ampollas, hechas por las quemaduras de la bebida hirviendo que, sin espacio, ahora crecían unas las unas encima de las otras. Sus noches se hacían…

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